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Y BUENO CHE... NO SABÍA COMO ILUSTRAR |
Estos días se está hablando mucho del debate televisivo de Filmus, Macri, Solanas, etc. Que se anima, que no, que en este canal, que en este no, que la madurez, que la calidad de la democracia, que bla bla bla bla... Bueno, sé que no es políticamente correcto, pero me la juego y digo que los debates televisivos sirven para muy poco más que para favorecer al mejor charlatán. A veces persuade mejor el que tiene razón, pero muchas veces no.
Los gobiernos se manejan en el ámbito de los hechos, separados generalmente por un abismo de la esfera de los discursos electorales, como queda claro a la luz de la experiencia. Digo, por si a alguien le suena "salariazo", "revolución productiva", "el que depositó dólares, recibirá dólares", "dicen que soy aburrido, voy a terminar con la fiesta de unos pocos", "conmigo el ajuste lo hace la política y no el pueblo".
Los futboleros sabrán entender con este ejemplo. Imaginemos un debate sobre fútbol entre Ángel Cappa y el Tolo Gallego. Cappa tiene la parla suficiente como para pulverizar a Gallego en un debate. Ahora, resulta que luego hay que hacerse cargo de un equipo de fútbol y salir a la cancha, entonces vemos los resultados de cada uno y las diferencias son abismales. Esto pasa muchas veces en política, pero con resultados mucho más graves.
La materia prima de la política es la palabra y como tal no se la puede despreciar, pero tiene valor en la medida que esté acompañada con hechos, con pruebas tangibles que las apoyen, obvio, en cuanto a la capacidad constructiva, o a la capacidad de mejorar la calidad de vida de la gente y no para señalar los problemas, porque los ciudadanos conocen de memoria los problemas que sufren cotidianemte, mejor que cualquier dirigente. Es decir, los hechos que vuelven creíbles las propuestas no forman parte de los debates televisivos.
El debate en política es necesario, es importante, es una de las bases de la democracia, pero no necesariamente en televisión, porque impone limitaciones que atentan contra el tratamiento serio de temas que son complejos. O sea, hay poco tiempo, se requiere un lenguaje oral y corporal especial, y no dominan la escena los argumentos, sino la expresión, el carisma, los gestos, el tono, los golpes de efecto, lo emotivo y no la COSISTENCIA del discurso, que es lo importante. Es un ámbito que favorece al charlatán de feria o a quien maneja las reglas del lenguaje audiovisual y no al consistente o al profundo.