Estamos meta conmemoración, en Argentina por el 25 de mayo, en Chajarí por el 28 de mayo y entre muchos de nosotros, también conmemoramos que ya hace 8 años desde que asumió Néstor Kirchner la presidencia de la Nación, con todo lo que eso implicó hasta hoy. De esto quiero hablar.
Yo no entendí de entrada cómo venía la mano. De genética gorila, por izquierda y por derecha, no me entraba en la cabeza que un peronista podía liderar un país más parecido a lo que me parece bien. Menos si venía de la mano de Duhalde. Tuve razón yendo por la negativa otras veces. El menemismo desde el principio sobraba muestras de ser una cagada, y terminó siéndolo. Lo mismo la Alianza, que prometía sostener el modelo, nada más que con mejores modales. Porque eso diferencia a los radicales, no la honestidad o la eficiencia o el compromiso, los diferencia los modales, el maquillaje y ninguna otra cosa. Prometían continuar ese modelo de mierda, de exclusión, entrega y fiesta privada. Sumándole policías. Peorrrr, claro. Y fue peor nomás. Se fueron entre asesinatos de inocentes.
Pero claro, es facilísimo acertar yendo por la negativa. Los guapos, los que saben leer política o los que tienen suerte, la pegan apoyando. Eso es lo difícil. Apoyar y pegarla. Bueno, no me pasó. La pegaron otros, que votaron a Néstor. Yo voté a Alfredo Bravo, más porque me inspiraba confianza y porque estaba realmente desorientado.
Quiso la suerte, su capacidad y los caprichos de la historia, que Néstor Kirchner gane y se nos cuele por una hendija nada menos que a la Presidencia de la Nación. Yo no tuve nada que ver con ese triunfo, que pasó a pesar mío, porque no lo entendí, no lo escuché y sobre todo no le creí.


