El domingo pasado se realizaron elecciones provinciales y municipales en la Provincia de Santa Fe, con un resultado que se podría calificar como "diverso", más allá de los espejitos de colores vendidos por tantos medios.
Es excluyente el protagonismo de la boleta única y también fue una buena noticia para nuestra democracia la pérdida de credibilidad de las encuestas, así cada día influyen menos en la decisión.
Es excluyente el protagonismo de la boleta única y también fue una buena noticia para nuestra democracia la pérdida de credibilidad de las encuestas, así cada día influyen menos en la decisión.
La boleta única hizo un desparramo. Me parece que lo más importante de la elección fueron las novedades que introdujo la boleta única, porque eliminó de cuajo los "arrastres" entre categorías de los distintos partidos y eso otorgó características muy particulares al resultado.
Es decir, el candidato a gobernador que sacó el 35% de los votos (Miguel Del Sel), proclamado con bombos y platillos como el gran ganador, se quedó sin nada y se vuelve a su anterior trabajo. Su partido, el PRO, justamente por las facilidades que da para el "corte" la boleta única, no pudo aprovecharse de la figura mediática, quedándose con muy poco, porque su lista de legisladores provinciales anduvo lejísmo de los números de Del Sel, con cerca del 14%.
El socialista Bonfatti (justo y meritorio ganador) es el gobernador de Santa Fe de recontra pedo, porque quedó a 3 puntos del segundo y perdió en la categoría legislativa, porque la boleta única impidió el arrastre de votos.
Al kirchnerista Agustín Rossi le fue como el culo, perdiendo la gobernación muy lejos, pero la boleta única y el enorme desempeño de María Eugenia Bielsa permitió que el kirchnerismo gane cómodamente la elección a diputados. Finalmente el peronismo hizo una buena elección en el interior de Santa Fe, lo que le permite dominar también la cámara de senadores.
Digo, como muy positivo de la boleta única, se destaca que aisló a la figura mediática y pulverizó la representatividad real en el gobierno de un partido que niega la política, al reemplazarla por el puro carisma de un candidato de la farándula. No obstante esa particularidad, abre una alerta sobre la gobernabilidad porque es muy complejo (y díría también que menos efectivo) un gobierno que le toca conducir con el congreso en contra.




